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Lo que algunos han dado en llamar la tercera ola de derramamiento del Espíritu Santo en el siglo XX produjo una restauración de la alabanza y adoración en la iglesia, renovando la liturgia, contextualizándola y haciéndola un mejor vehículo de expresión del sentir profundo del creyente en su amor y admiración por un Dios real y cercano, y quien, siendo eterno e inmutable, se comunica e intima con el creyente aceptando sus cambiantes formas culturales. Lo único que le pide es que le adore "en espíritu y verdad", amándole "con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas". Ese mismo derramamiento llevó a la iglesia a una nueva experiencia espirirual y a proclamar la grandeza de Dios y la realidad de un Cristo victorioso, en quien somos "más que vencedores". Por ello las canciones de guerra y de victoria son parte importante del repertorio inspirado de este tiempo; y muchas veces la libertad, el gozo, la alegría son el preámbulo de una profunda adoración, y podemos experimentar y entender lo que el salmista David expresa: "Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses...Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor, porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano." (Sal. 95:1-7) SOMOS GENTE DE GUERRA es fruto de esa experiencia vital, que expresa con libertad, con júbilo, con alabanza, con cáticos la grandeza y la victoria del Señor; pero que también sabe postrarse en adoración, expresando su amor y admiración a un Dios cercano e íntimo, en cuyos brazos se sabe y se siente seguro, confiado y amado. La música y la letra de las canciones de este volumen han sido inspiradas en esa experiencia vital. Por ello, este CD no es para ser escuchado. No. Es para ser vivido y para dejar que el corazón y el alma fluyan en alabanza y adoración a Aquel que merece lo mejor de nosotro, y para proclamar Su victoria. Es nuestra oración que sea de inspiración y una bendición para el pueblo de Dios. Pastor Humberto Lay |